Esta dedicado a la la villa del Espiritu Sancto, en el centro de Cuba.
Existen vario
s estudios de Lourdes Domínguez de la historia de la Economía Cubana, sobre este sitio arqueológicos, lugar de transculturación , de la mayólicas azules y blancas. A estos descubrimientos se agregó algo novedoso al encontrarse de color verde, verde y blanco del siglo pasado.
La mayólica más una herradura, clavos para herrar, pedazos de hojas de cuchillo, eslabones de cadena que aparecieron junto a decenas de objetos de los indios cubanos, demuestran, asegura Félix Bismark, que allí vivieron en un momento indios y españoles.
Eso agregó una nueva evidencia: era el único sitio del territorio central donde se reportaba el hallazgo de vasijas de este material. El color verde es el óxido de cobre, característico de la época, su pasta es suave, fina, blanca rojiza, cremosa. Se descubrieron partes de platos, un asa. Lo más relevante es la coincidencia del material y el color de la mayólica con la que tienen los pisos de la Iglesia Mayor, edificada a principios del siglo XVII.
En la colina Pueblo Viejo (ubicada por este grupo al Sur del Camino del Príncipe o a Puerto Príncipe) encontraron decenas de objetos aborígenes: un mortero, cuchilla de silex, cuentas de cuarzo empleada en collares; fragmentos de buren donde cocinaban la yuca, bordes ovalados de diferentes vasijas y un asa con forma de cabeza de murciélago, “esto demuestra que la población aborigen era agroalfarera”.
Hay hechos por confirmar, digamos un enterramiento. A los indios por el trato que recibían en las minas no le permitían que les hicieran honras fúnebres, o sea enterrarlos y darle no se cuántas cosas, ponerle las ofrendas.
Pero si nos remitimos a los documentos de la época, existe la posibilidad – si el tiempo ha sido benévolo - de descubrir por lo menos uno o dos enterramiento de europeos. Lo pudieron haber sepultado en la ermita, pero en ocho años de permanencia de la villa tienen que haber ocurrido otros fallecimientos, incluyendo indígenas empleados en la utilería - los que buscaban el agua y la comida, los dedicados a la labranza; indias seleccionadas para ayudar a las labores del hogar.
Por muy cruel que fuera el trato de los españoles, los indios seleccionado para las labores de subsistencia y atención recibían, aunque ínfimo, cierto trato diferente a los que esclavizaban en las minas. Por ello es de suponer que tenían al final de sus cortas vidas un ritual funeral o un sitio para sus cadáveres al estilo que lo hacían los españoles.