Esta dedicado a la la villa del Espiritu Sancto, en el centro de Cuba.
Por Raúl I. García Álvarez*
Sancti Spíritus (PL) Por decisión de la corona española los marinos y piquetes (soldados) que llegaron a América en los siglos XV y XVI cambiaron su condición de conquistadores por la de colonizadores.
Así pensaba Carlos Joaquín Zerquera y Fernández de Lara, prestigioso Historiador Oficial de La Trinidad (1926-2009), villa cubana que desde 1988 ostenta el título de Patrimonio Cultural de la Humanidad.
Los principales destinos de los canarios en el siglo XVI fueron Santo Domingo primero y La Habana después, dando inicio, de forma progresiva, a la llegada de isleños con oficio o sin él, agricultores, soldados, marineros y artesanos especializados.
En ese período el conquistador comienza una estrategia para avanzar en su dominio; tiene necesidad de crear localidades y asentamientos a partir de sus conciudadanos, que en este caso fueron, principalmente, los aventureros de las siete Perlas del Océano Atlántico, el Archipiélago canario.
El ilustrado en su peregrinar por los Archivos de Indias, Sevilla, localizó en sus legajos apuntes sobre la emigración y la estrategia emancipadora de convertir a los conquistadores en propietarios de territorios a colonizar.
Zerquera y Fernández de Lara, en una entrevista concedida a este redactor, afirmaba que en aquel período empieza la verdadera conquista, la expansión socio-cultural, la ubicación de familias en localidades despobladas por la exterminación o desaparición del indígena.
Así, las Islas Canarias se convierten en un espacio favorito para el comercio entre el viejo y el nuevo continentes, el enlace entre la Península Ibérica y América.
CUBA, UN DESTINO DE PROSPERIDAD
Durante tres centurias, desde mediados del siglo XVI, Cuba se erige como el mayor destino canario. La emigración imponente y sostenida enriquece las raíces culturales y étnicas del país caribeño.
El historiador Macías Hernández González en la obra Canarias: la emigración, Centro de la Cultura Popular Canaria, La Laguna (Tenerife 1995), reseña que entre 1835 y 1850 al menos 50 mil isleños emigraron, casi un tercio de ellos a Cuba.
Mientras que el censo de 1846 revela la presencia de 19 mil 759 canarios en la Isla, población que 16 años después se elevó a 45 mil 814, para llegar a fines de la década de los setentas del siglo XIX a la presencia de más de 60 mil canarios.
Una de las ciudades más importantes de la Mayor de las Antillas es fundada por isleños: San Carlos y San Severino de Matanzas, el 12 de octubre de 1693.
Se creó junto a la bahía con 30 familias canarias y se erigió un castillo que protegería a la población de los ataques filibusteros y daría empleo a los pobladores. Dos años después comenzó a funcionar el cabildo.
Matanzas, puerto importante en el comercio canario-americano, en la segunda mitad del XVIII era una región escasamente poblada. Los isleños y sus descendientes se dedicaban al cultivo del tabaco, que fue desplazado en el XIX por el auge azucarero.
En otras comarcas como Yumurí, Corral Nuevo, San Agustín, Las Cidras y Limones, la fuerza de trabajo provenía de las siete islas.
La Historia de Cuba recoge en sus páginas a los canarios fundando las ciudades de Pinar del Río (Vuelta Abajo), Santiago de las Vegas, Sagua la Grande, Villa Clara, San Carlos de Nuevitas, Camagüey y Manzanillo, este en sur de la oriental Granma.
La presencia de estos insulares se aprecia en toda la Isla de Cuba, con mayor connotación en Güira de Melena, Santiago de las Vegas, Bejucal, Jaruco, Guanabacoa, San Cristóbal de La Habana y Jesús del Monte en la capital; San Juan y Martínez en Pinar del Río; Cabaiguán, Taguasco, Zaza del Medio en Sancti Spíritus y Remedios en Villa Clara.
En Trinidad, al sur del territorio espirituano, entre 1801-1850 el 14,29 por ciento de los españoles eran isleños, mientras que en Sancti Spíritus, entre 1751-1800, los canarios representaban el 63,64 por ciento y, entre 1801-1850, el 70,27 por ciento.
En el oriente cubano fue escasa la presencia canaria, con excepción de Puerto Príncipe (fundado por los españoles en 1514 como la quinta villa de Cuba), actualmente Camagüey.
El desarrollo de la ganadería se benefició de la sapiencia de los isleños, que lograron formar parte relevante de la oligarquía local e influyeron en la creación de una parroquia que bautizaron con el nombre Nuestra Señora de la Candelaria.
De acuerdo con datos que obran en esa parroquia, entre 1801 y 1850, el 25 por ciento de los españoles en Puerto Príncipe era de procedencia insular.
En otras localidades orientales como Holguín la representación isleña representaba, entre 1751 y 1800, el 43,75 por ciento. Pero en Santiago de Cuba era muy escasa, apenas el 22 por ciento entre 1751 y 1800.
Esta cifra continuó descendiendo en la primera mitad del siglo XIX hasta llegar a apenas el nueve por ciento, aunque nunca se va a reflejar la realidad, porque muchas personas del campo e, incluso de las ciudades, no recurrían a las iglesias o templos católicos a inscribir o celebrar el bautismo de los recién nacidos.
La zona de Baracoa, actual provincia de Guantánamo, en el siglo XVIII vio expandir su población con la llegada de isleños que se dedicaron al cultivo del tabaco.
Datos de la época revelan además que entre los años 1913 y 1914 Cuba acogía entre el 84,9 y el 87,3 por ciento de los embarcados por el puerto de Las Palmas, entre el 87 y el 87,2 de los que salían por Tenerife y entre el 99,2 y el 99,9 por Santa Cruz de La Palma. La mayoría eran palmeros.
La emigración canaria entregó a la Mayor de las Antillas sudor, sangre, costumbres, gentileza y cultura que forman parte de los valores de la nacionalidad.
* Corresponsal de Prensa Latina en la provincia Sancti Spíritus.