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Esta dedicado a la la villa del Espiritu Sancto, en el centro de Cuba.

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La lucha isleña: honorabilidad de la familia

Por Raúl I. García Álvarez  

Fotos GARAL

 

Sancti Spíritus (PL) En Cuba la lucha y las danzas isleñas son hermanas de la emigración de las siete Perlas del Océano Atlántico que forman el Archipiélago canario, manifestaciones que arribaron prácticamente desde el mismo día del descubrimiento de nuestra isla en el siglo XV. Historiadores coinciden en que esa primera ruta marcada por el azar de los navegantes vino acompañada del folclor y religiosidad, bravura y nobleza, y la honorabilidad de los nativos. Aunque existen pocos documentos que revelen cómo los emigrados practicaba la lucha, algunos cronistas advierten que en los mismos barcos se combatía en cubierta y en tierra firme lo hacían en sus colonias o asentamiento. Algunas evidencias se conservan en hojas sueltas. Un volante del 19 de marzo de 1891 de un torneo de a caballo indica: "En San Nicolás a las 4:00 de la tarde dará inicio un torneo de personas blancas al estilo de las Islas Canarias con premio de importancia al vencedor". También existieron bandos sediciosos como el que apareció en el periódico Decenal de artes, ciencias y literaturas agrícolas de la colonia, dirigido por Eduardo Pineda, en que se advierte que la lucha canaria era utilizada como defensa entre facciones rivales. El vincular la lucha isleña a peleas callejeras y altercados con los celadores en 1891, llevó a las autoridades habaneras a prohibirla y quienes la practicaban eran señalados como peligrosos. Esta inhibición provocó un pináculo en su práctica oculta en las comunidades de emigrantes, poco apreciada por la naciente burguesía. En 1892 se efectuó una gran luchada con 20 competidores, entre ellos Juan Torres, gran canario. El 11 de noviembre de 1906, se constituyó la Asociación Canaria de Lucha en Cuba. El 14 de julio de 1907, en el Circo Cuyás de la capital, se celebraron varias luchadas con la participación de Sabina, los hermanos Sosa y Antonio Pérez Espino. En Camajuaní, Villa Clara, se recuerda el 21 de julio de 1907, por el torneo de los mejores luchadores de Sancti Spíritus, Cienfuegos y Villa Clara. DE LAS SIETE ISLAS En Gran Canaria, a comienzos del siglo XX, existían excelentes competidores, entre ellos el famoso Mandarrias, quien llegó a La Habana invitado por otro destacado: Facundo Yánez. Ambos se hicieron célebres, impresionaron en cada participación, al extremo de que se afirma que Mandarrias solamente perdió con Tabletas, el 8 de agosto de 1907, aunque algunas crónicas indican que después también fue vencido por Bartolomé Espino Romero, El Rabioso. El 30 de abril de 1910, con motivo del tercer aniversario de la Delegación de la Asociación Canaria en Cabaiguán, en la ahora provincia central de Sancti Spiritus, a 350 kilómetros de La Habana, celebraron un torneo de cintas a caballo y una gran luchada que se extendió -se afirma- hasta horas de las luces de los candiles. En el año 1911, con 17 años, llegó a Cuba con intención de recorrerla, El Rabioso. Su padre le había proporcionado 60 duros (nombre informal que recibía la moneda española de cinco pesetas) con los que compró ropa, pasajes y pagó su estancia en la isla caribeña. Residió mucho tiempo en Las Villas y, finalmente, en Camagüey. Los canarios asentados en tierras camagüeyanas lo recuerdan como figura legendaria, al enfrentar a los luchadores del patio Juan Torres, Juan Castro, Ramón Méndez y Martín Hernández. Ramón Méndez fue considerado en el siglo XIX, flor y nata de la lucha que practicó y enseñó en Cuba y Tenerife. La prensa de las siete islas siempre dio promoción a las luchadas en la Mayor de las Antillas. Algunos cronistas afirman que entre 1914 y 1927 el deporte de los isleños pierde aceptación y publicidad por no tener un guía responsable. Para Carlos Joaquín Zerquera y Fernández de Lara, ilustre Historiador Oficial de La Trinidad (1926-2009) nunca se dejó de luchar, porque era parte de la idiosincrasia de una emigración que vino acompañada de sus tradiciones. Un texto fechado en La Habana el 30 de septiembre de 1916 y publicado en la obra Lucha Canaria Internacional, ratifica la buena ventura de las mañas en Cuba: "El afamado luchador de Teide, Gran Canaria, Sr. Juan Castro se encuentra en Manatí, Oriente, y nos escribe diciéndonos que hagamos público que él â��â��agarraâ��â�� aun con el luchador que desee disputarle la victoria en el terrero". Corre 1935 y muere en Cuba Martín Hernández, uno de los luchadores que más aportaron a esta disciplina. José P. Machín lo calificó como otro grande artista del más noble, viril y elegante de los deportes, pobre y completamente olvidado. En Taguasco, también territorio espirituano, siempre estuvo presente la lucha canaria, destacándose Pepe el Rubio, Bella Mota, Gregorio Delgado (el japonesito), natural de la Orotava, y José García (el Canario) procedente de Tirajana. El 13 de abril de 1929 se efectuaron combates en la zona campesina de Jíquima de Peláez. Se enfrentaron atletas locales con los de Sancti Spíritus. También el 20 de mayo de 1935 en el parque Serafín Sánchez, de Cabaiguán, se formalizó otra luchada. El 19 de marzo de 1938 (Día de San José) en los salones de Prisco González, en la Cruz de Neiva, se consumó otra peleada donde aparecieron el invencible Curbelo, el tremendo Pachito y el célebre Cazuela. En esos primeros años de la lucha canaria en Cabaiguán hubo practicantes destacados como Salvador Leal, Manuel Magdalena, Silverio Hernández (Porrón), Félix González (Doble ancho), y el mencionado Cazuela. El nuevo renacer de ese deporte en tierras cabaigüanenses comenzó por el entusiasta trabajo de investigación de Jesús Fernández, quien rescató del olvido importantes momentos del inicio de ese deporte en Cuba. En 1985 realizó los primeros encuentros competitivos, que cobraron ímpetu en 1991, cuando formó el Club Iguán con niños de este municipio espirituano, donde más del 70 por ciento de la población es descendiente de canarios. En este período renace la lucha canaria en la isla caribeña, en especial en esta zona central, con la participación como maestro de Salvador Sánchez García (Borito), un canario que ama este arte marcial y la lleva en la sangre. La mayoría de estos atletas pasan a la historia con sus seudónimos, como hombres bravos, vencedores, imbatibles, geniosos, pero sin perder la honorabilidad de la familia, el grupo o la comarca.

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