Esta dedicado a la la villa del Espiritu Sancto, en el centro de Cuba.
Imprecisiones y conjeturas relativas al proceso fundacional
Por Luis Olmos Jas
Foto de Garal
Loma de la Iglesia en Pueblo Viejo, lugar del primer asentamiento de Sancti Spíritus en el año 1514.
Con regocijo los espirituanos celebramos este año dos acontecimientos fundacionales, primero Trinidad, luego Sancti Spíritus envuelto en su incógnita de tiempo y espacio. Los postulados sobre su primer asentamiento, según el investigador, van desde algún momento del año 1514 hasta varios después.
A veces el entusiasmo, más que la evidencia, o tal vez no releer los documentos que ofrecen la información primaria de tal proceso, no nos ha permitido ver más allá de antiguas conjeturas, repetidas sin un fundamento lógico, deformando o anulando los argumentos más sólidos. Es natural que ante estas discrepancias surgidas entre historiadores y no tanto, germine la duda que estimula a la reflexión con el mejor deseo de llegar a un entendimiento racional, aún más cuando se avecina el 500 aniversario de dos hechos trascendentales de nuestra historia; la fundación de Sancti Spíritus y el célebre Sermón del Arrepentimiento pronunciado por Fray Bartolomé de las Casas en nuestros predios.
Hagamos un recorrido a través del tiempo y la historia, desde la más simple a la más fundada hasta el día de hoy. Lo cierto es que por primera vez, después de los enunciados de Las Casas y Herrera, el tema sobre la fundación viene en boca de Tadeo Martínez-Moles, primer historiador reconocido de la villa, sin que en este acto se trasluzca algo más que una tradición dudosa:[1]
“Aunque cuando por tradicion no se diera por cosa cierta, y recibida de estos naturales, que su primera fundación estuvo dos leguas de la actual, en la hacienda que se conoce con el nombre de Pueblo Viejo sería preciso para la consideracion, pues, la expresion de Herrera de haberse poblado casi en medio de los dos mares, demuestra claro, que su primer establecimiento fué en otro paraje. Arguye esta verdad, aún, los fragmentos que de su antigüedad se ven en un cayo con el nombre de la Iglesia donde estuvo fabricada.”
“La […] mutacion, fué originada de la persecución que los recien nacidos sufrían de unos hormigones con el nombre de vivijaguas, que horadándoles el ombligo, les causaban la muerte: […] Otra incomodidad puede ser la motivase, pero no dándola la situacion de su terreno, como que no carece de las cosas naturales, que se reputan de primera necesidad.” (T. M-Moles 1877: 570-71)
Como se puede apreciar de esta primera cita no se saca mucho en claro, acude a Herrera que copió de Las Casas. Tadeo se remite a la tradición, plantea que se puede observar en un cayo con el nombre de la Iglesia, a dos leguas de Sancti Spíritus, los vestigios de una construcción que fuera de madera y guano, a más de dos siglos y medio de su edificación, cosa ilógica si consideramos lo perecedero de la materia orgánica a la intemperie en un clima tan húmedo como el nuestro.
Una centuria después, con mayores argumentos, el Lcdo. Rafael F. Pérez Luna en su obra Historia de Sancti Spíritus, relata aunque con algunos errores el proceso colonizador de Velázquez, es obvio que desconocía la obra del padre Las Casas salida a la luz entre los años 1875 al 76, poco difundida hasta su nueva edición de 1927 (Pichardo Viñals 1986: 6). Al referirse a Sancti Spíritus, señala a Gonzalo Fernández de Oviedo como su fundador, tomando por fuentes las obras de Herrera y La Torre, expresa siguiendo a Tadeo y la tradición, que la villa se erigió “[…] una legua al Este de donde hoy se halla la ciudad de Sancti-Spiritus […] Eligió aquella localidad, porque era donde residia el cacique de la comarca, siendo allí mas numerosa la población indígena,…” (Pérez Luna 1888: 14)
El esclarecimiento de esta imprecisión referida al fundador de Sancti Espíritus, sostenida además por Lavallee (1842) y Pezuela (1886) fue bien argumentada por el historiador Manuel Martínez-Moles (1926: 21-22), toda vez que Gonzalo Fernández de Oviedo realizó su primer viaje al Nuevo Mundo en 1513 con la expedición a Panamá de Pedrarias Dávila, donde ejerció varios cargos de importancia. años después de fundadas las siete primeras villas en viaje hacia España, según su propio testimonio, se detuvo en Santiago de Cuba informándose de los hechos que después publica en su Historia General y Natural de las Indias, circunstancias que le descartan como fundador de Trinidad y Sancti Spíritus.
Con pleno dominio de las fuentes históricas necesarias para poder incursionar en la real interpretación del proceso colonizador inherente a nuestra región, acude esclarecido este historiador en los primeros años del siglo XX, es importante que los espirituanos conozcan este capítulo de su obra, sus deducciones son capaces de convencer, siendo guía para el resto de los historiadores del patio que le precedieron en el acontecer temprano de la historia espirituana, de momento solo haremos referencias a lo acotado en relación a la fundación de Sancti Spíritus, tal y como este espirituano lo percibió:
Deslinde del hato Pueblo Viejo, 1867.
“…hasta que sentaron su planta en las cercanías del Tuinucú, entre dos pequeñas corrientes, a que más tarde se les dio el nombre de “El Fraile” y “Pueblo Viejo”, en donde una pequeña población de indios sirvió de base a la naciente villa de Sancti Spíritus.” (M. Martínez-Moles 1926: 20-21)
Con esta descripción, Manuel viene a complementar la ubicación de la antigua villa, -cercana al río Tuinicú, entre dos arroyos; Pueblo Viejo (antiguo Cuyujíses)[2] y el Fraile-, no a orilla de este río, o en sus riveras como se ha venido asegurando después por personas que al utilizar la Carretera Central como vía para acceder al sitio lo referencian al Tuinicú, cuando en realidad se ubica a la misma distancia entre este y el río Yayabo, situación que solo puede apreciarse ante una carta topográfica o al realizar el corto viaje que nos separa del lugar utilizando el antiguo Camino del Príncipe, que serpentea varios kilómetros cercano a este río. Se ha llegado a decir por desconocedores de la geografía espirituana que la villa fue trasladada desde las orillas del río Tuinucú hacia las cercanías del río Yayabo (Colectivo de autores 2011: 54), nunca fue la Villa del Tuinucú (Valdés Navia 1999.) como afirman otros, no faltaba más. Con toda certeza podemos asegurar que el primer establecimiento de la villa, se ubicó cercano al río Yayabo en la margen izquierda de uno de sus tributarios, el arroyo Pueblo Viejo, de donde se trasladó posteriormente 6.6 Km. al oeste, justo en su margen izquierda, lugar en el que tuvo su segundo y definitivo asentamiento en 1522, siendo desde el primer momento la Villa del Yayabo.
En su traslado nada tuvieron que ver las bibijaguas, que horadaban el ombligo a los recién nacidos según Tadeo, al contrario de lo que señala este autor, las condiciones del terreno y su ubicación no podían ser peores, nada nuevo a la hora de elegir sitio de fundación durante ese proceso en Cuba donde solo Baracoa permaneció en el lugar original, lo que pudiera justificarse por premura o torpeza y no creo que fuera torpeza, Velázquez tenía suficiente experiencia como fundador en La Española:
1. A dos kilómetros de los cursos fluviales importantes más cercanos, los ríos Yayabo y Tuinicú.
2. A la orilla de un pobre afluente del arroyo Cuyujises, posteriormente llamado Pueblo Viejo, hoy Puente de Palo, de muy corta trayectoria.
3. Suelos poco fértiles de sabana, inapropiados para la agricultura.
4. Ausencia en la zona hasta el momento comprobada de poblaciones aborígenes importantes contemporáneas con el asentamiento.
Pesimista ante las características deplorables para que se asentase en este lugar un núcleo poblacional, en 1934 el arqueólogo espirituano Laudelino Trelles Duelo hace pública su inquietud:
“Resulta muy difícil, si no imposible, forjarse un poblado en un terreno […] sabanoso […], cuando los aborígenes como Velázquez pudieron libremente, sin restricciones de ninguna clase, fundar el poblado más acá o más allá, donde más les conviniere […]”
“Otro misterio me niega la verdad, y es que esa Villa no fuera situada inmediata al río, sino a dos kilómetros de distancia […]”. (Trelles Duelo 1934)
Mapa de la Región Central donde se puede apreciar la situación de Sancti Spíritus en 1514 y su relación con otros puntos de interés del período colonizador.
Cuesta trabajo entender el motivo por el cual, si como se arguye, Velázquez mandó una avanzada que localizaría el lugar idóneo para el nuevo asentamiento; que eligieran este paraje alejado considerablemente de las corrientes fluviales más importantes incluyendo al caudaloso río Zaza, donde podían estar más cerca del ansiado oro y fuente segura de agua potable, despoblado en su cercanía del aborigen que les sustentó durante los primeros años, además de servirle de mano de obra esclava en las labores mineras y escoger los terrenos más pobres del área para el trabajo agrícola. La elección del lugar solo pudo estar precedido por sus características de sabana, estos claros en el bosque virgen no abundaban, según Las Casas, se podía andar por el monte 300 leguas sin salir de él, talarlo para instalar la villa en mejor posición acarrearía incontables jornadas de intenso trabajo. No sin razón, ante el agotamiento del oro y la necesidad de producir alimentos, pronto se hizo sentir que habían escogido el lugar más inapropiado para asentar el pueblo. Asunto que viene a ser resuelto ocho años después con su traslado definitivo a orillas del Yayabo, sin que tal plaga de hormigas carniceras fuera su causa.
Se aducen otros motivos para el traslado; una supuesta rectificación de lugar en el centro de la Isla, la cercanía a Trinidad o al río que les proporcionaría mejor acceso al mar por ser navegable 36 kilómetros desde su desembocadura (M. Martínez-Moles Id.: 26), lo cierto es que, la distancia a que fuera trasladada la villa, 6.6 Km. al Oeste, es imperceptible en el mapa, lo que no rectifica su aparente situación en el medio de la isla, en ambos casos se localiza a unos 35 Km. de la costa Sur y 53 de la costa Norte, solo se acercó a Trinidad por tierra 5 Km. En cuanto a la salida al mar, hubiese sido más propicia desde el río Tuinicú, con mayor caudal, también tributario del Zaza[3], por donde se ahorrarían 5 Km. de marcha, camino recurrente y bien conocido de los aborígenes pobladores de La Luisa y La Aurora que acarreaban por esta vía, desde la costa, toda suerte de moluscos, peces y quelonios.
La mayor confusión relativa a los primeros momentos de Sancti Spíritus ha sido la fecha de su fundación, lo cierto es que nunca podrá ser dilucidada, la mejor interpretación del caso correspondió al historiador Manuel Martínez-Moles (1926: 20-21):
“Fundada Trinidad en los primeros días de 1514, y dada cuenta a los Reyes en primero de abril de ese año, parece ser que ya en el propio mes de abril se había fundado Sancti Spíritus, pues que al responder el Rey esa carta de Velázquez, en 19 de octubre del mismo año, le decía entre otras cosas: “Tengoos en servicio los tres pueblos nuevos a más de la Villa de la Asunción que habíades hecho”; pero no nos queda duda ninguna de que su fundación fuese en la primera mitad del citado año de 1514, toda vez que Las Casas nos dice que Velázquez se hallaba en Sancti Spíritus durante la Pascua de Pentecostés, y aún nos atrevemos a decir que su fundación fue en marzo del referido año.”
El análisis del único documento que da crédito explicito sobre la cuarta villa fundada por Velázquez corresponde a Fray Bartolomé de Las Casas, que a punto y seguido, después de referirse a Trinidad expresa:
“Ordenó que se poblase otra villa más dentro en la tierra, cuasi en medio de los dos mares del Sur y del Norte, y llamóla la villa de Sancti Spiritus…” (Las Casas 1876: 253)
Más adelante en su historia, como siguiendo el hilo de lo antes expresado, de nuevo da fe de un momento en que ya la villa ha sido fundada:
“[…] y porque Diego Velazquez, con la gente española que consigo traia, se partió del puerto de Xagua para hacer y asentar una villa de españoles en la provincia donde se pobló la que llamo de Sancti-Espíritus,…” (Ibid.)
Bien claro queda hasta aquí, que Velázquez, posterior a la fundación de Trinidad se dio a la tarea de establecer la nueva villa sin que se trasluzca el motivo por el cual la llamó Sancti Spíritus.
Entre tanto, Las Casas inmerso en las tareas de fomentar el laboreo minero y la hacienda recién otorgada a él y Pedro de Rentería cerca del río Arimao, queda en espera de su socio que partiera en una de las carabelas llegadas a Guacanayabo, rumbo a Jamaica en busca de provisiones, si no fuera así, que caso tendría tal otorgamiento. Según Velázquez (1514) durante el proceso de conquista y colonización, fue el padre Juan de Tesin quien le asistió en los asuntos de la fe, así lo consigna en su carta de abril donde no mienta a Las Casas, que ya se hacía notar como piadoso para con los nativos a quienes convencía con su verbo, mediador entre estos y el belicoso Pánfilo de Narváez, al que acompañó en su campaña por el interior de la isla hasta La Habana apaciguando el espíritu rebelde de la indiada. Su celebridad la gana posterior al Sermón del Arrepentimiento como Protector de los Indios. Por eso no es de dudar, que después de la fundación temprana de Sancti Spíritus, el padre Juan de Tesín regresara a su iglesia en La Asunción como sacerdote de la villa primada.
El famoso texto lascasiano de tanta controversia continúa diciendo:
[… y no habia en toda la isla clérigo ni fraile, después de en el pueblo de Baracoa donde tenian uno, sino el dicho Bartolomé de las Casas, llegándose la Pascua de Pentecostés, acordó dejar su casa que tenia en el rio de Arimáo, la penúltima luenga, una legua de Xagua, donde hacia sus haciendas, é ir á decilles misa y predicalles aquella Pascua.”(Las Casas Ibid.)
Un gran propósito albergaba el noble cura, pudo oficiar aquella pascua en Trinidad cuya advocación también alude al Espíritu Santo, muy cercana a su hacienda. Pero otro motivo atormentaba su mente y tenía que comunicárselo a Velázquez que en ese momento se hallaba en Sancti Spíritus, según su testimonio había decidido renunciar a la merced que compartía con Rentería, hacer pública denuncia sobre los males acarreados por el bárbaro sistema de encomiendas implantado en el Nuevo Mundo y dedicar el resto de su vida a esa honorable causa, además de predicar por la Pascua de Pentecostés en honor a su patrono que ese año de 1514 correspondía al 4 de junio. En esos días hizo partícipe a Velázquez de su decisión, que mantendrían en secreto hasta el regreso de Rentería, por temor a que sus indios encomendados cayeran en manos inescrupulosas, después le libraría de tal confidencia, que él mismo haría pública.
Al abordar el momento de la fundación nos adentramos en lo más espinoso del asunto, no obstante a ello, existen argumentos que valen la pena desentrañar. Se conservan al menos dos versiones de la Carta fechada por Velázquez el 1º. de Abril de 1514, la más difundida fue reproducida en tercera persona, según Hortensia Pichardo (1986) “…su información es más completa que la de otra versión conocida […] de la misma carta escrita en primera persona, lo cual permite suponer ha sido tomada del original de Velázquez, pero el copiador omite párrafos completos, frases, nombres…”[4]
Como bien dice H. Pichardo, cuando se analizan ambas cartas se hacen notar varias contradicciones que provocan dudas, ¿por cuál versión decidirse para tomar una determinación?, si la escrita en primera persona parece ser copiada del original, ¿quién quitó o puso párrafos, frases o nombres? A pesar de todo con más o menos argumentos las dos describen ese momento tan importante para la historia de Cuba abundantes en detalles, pero en algo si coinciden las dos versiones; en un final inesperado, brusco, impropio de una persona de ascendencia noble que debe a su rey el mayor respeto, conocedor de los agasajos a más de la cortesía característicos de la época. No creo que el documento original concluyera de forma tan repentina:
“[…] y que tiene avisado á los cristianos que, á lo menos á las naborias que en casa tienen, les trayan á la memoria las dichas oraciones, y así mismo diz que se aplican bien al trabajo.” (Colección de Documentos Inéditos, serie 1, t. XX, p. 429)
Un ejemplo elocuente de despedida se aprecia en la carta de Velázquez y oficiales reales de la isla Fernandina, del 5 de setiembre de 1519 a S.M.:
“― Muy alto é muy poderoso Príncipe y muy Cathólico Rey y señor: Nuestro Señor la vida y muy Real estado de Vuestra Magestad por muy largos tiempos prospere, con muchos mas reynos é señoríos, como por Vuestra Alteza se desea. ― De la ciudad de Santiago, puerto desta isla Fernandina, á cinco dias de Setienbre de 1519 años.
De V. A. muy humilldes sierbos y basallos, que sus muy Reales piés y manos besan. ― Diego Velazquez. ― Pedro Nuñez de Guzman. ― Bernardino Velazquez.” (Ibíd.: 434)
Es lógico pensar que Velázquez no pasaría por alto mencionar el asentamiento de la nueva villa, un razonamiento sobre este particular nos lleva a inferir, que la ultima parte de la carta donde se da a conocer la fundación de Sancti Spíritus y la gentil despedida de Velázquez, se extravió después de esperar 267 años hasta ser copiada por Juan Bautista Muñoz en 1781, documento que al final desapareciera definitivamente según Carlos M. Raggi (1965: 1)
Se ha venido planteando una dilatación tal en el caso de la fundación de Sancti Spíritus como no ocurre para Bayamo o Trinidad, en este último, después de un largo viaje en canoa por la costa sur de unos 10 días, desde el puerto de Guacanayabo, a finales de diciembre de 1513 o en los primeros días de 1514, llega Velázquez a Cayo Ocampo, manda exploradores en busca de oro y un buen lugar donde asentar la tercera villa. Persuadido de las excelentes condiciones de un sitio a una legua de Jagua, sale con su plan fundacional, primero a orillas del río Arimao establece la villa de Trinidad con la bendición del fraile Juan de Tesin y por lo que se arguye en ese documento no fue necesario que mediara tiempo alguno para que así se le nombrara de inmediato, el 10 de febrero de 1514 se tiene certeza de su existencia, según el propio Velázquez en esa fecha habían llegado dos carabelas al puerto de Guacanayabo, las que envió a Jamaica y La Española con el fin de traer para Trinidad pan, “ganado y yeguas y maiz y otras cosas.”. Si en la actualidad a Trinidad se da por fundada el 12 de enero, no creo tan descabellada la idea, que el Adelantado dejara en la recién instaurada villa a sus vecinos españoles con los indios encomendados, atareados en levantar las primeras construcciones y partiera acompañado del mismo religioso hacia su próximo objetivo, asentar a Sancti Spíritus. El problema que se debe analizar, no es el momento en que fue proclamado –villa- si no en qué momento ocurrió su fundación, ese en el que Velázquez dijo, aquí es Sancti Spíritus; según Hortensia Pichardo: “Debe entenderse que al hablar de fundación sólo nos referimos a la elección de un lugar determinado, en el cual se ha trazado el centro del núcleo urbano con el señalamiento de la plaza, el solar para la Iglesia y demás edificios oficiales, y al cual se ha dado un nombre.” (Pichardo Viñals 1986: 23)
El territorio donde se asentaría la nueva villa ya les era conocido, es preciso recordar que los emisarios aborígenes del sur de Sancti Spíritus, enviados por Velázquez para avisar a Narváez que con su hueste debía encontrarse en la zona del futuro emplazamiento, para que se les sumaran en Jagua, salieron a cumplir la misión el 21 de Diciembre y ya el 24 se reunían los expedicionarios en Manzanilla, a orillas del río Guaurabo. Esto quiere decir que los encontraron transitando por algún lugar de nuestra demarcación, de lo contrario no hubieran podido asistir al encuentro con el Adelantado en tan corto tiempo. Otra fuente de información fueron los españoles que en Jagua permanecieron después del naufragio de Ocampo, con seguridad estos hombres no perdieron su tiempo, se movieron en la región y obtuvieron referencias del interior a través de los aborígenes:
“[…] por nuevas de indios, supo Diego Velazquez que habia llegado un navío […] al puerto de Xágua, […] por lo cual envió una canoa bien esquifada de indios remadores, con una carta […] holgóse mucho el Capitan, que era Sebastian de Campo, que fue al que envió el Comendador Mayor á que bojase aquella isla el año de 8 […] Este habia cargado un navío de vino y mantenimientos para vender á los que estaban en el Darien, y, despachada su mercadería, tornábase para esta isla, y llegado allí, como sabia aquel puerto y traia muy perdido el navío, dejólo allí, y tres pipas de vino y cuatro españoles que las guardasen ,[…]” (Las Casas Ibíd.: 15)
La fundación pudo realizarse en fecha tan temprana como lo apuntó el historiador Martínez-Moles y más aún, si nos atenemos a la premura con que se creó Trinidad, unos diez días después de llegados a Jagua, no es de tanto dudar que fuera en febrero, para no atentar contra la lógica, después del día 10. Considerando que estos conquistadores-colonos no fueran tan pacientes como para tener el cometido de fundar dos villas entre las que solo median 17 leguas y esperar para su consumación cinco meses. Velázquez al referirse al lugar que escogió como asiento de Trinidad da cuenta sobre minas a 9, 6 y 20 leguas, que ciertos cristianos descubrían y sacaban cantidades considerables de oro […] a la vanda del Norte aguas vertientes a la villa de la Asunción […]” (Raggi Ageo, 1965: 22)[5]
Si Sancti Spíritus se localiza a 17 leguas al NE de este lugar y se extrae oro a 20 y hasta 45 leguas en la banda del norte rumbo a la Asunción, quiere decir, que aparte de la información a propósito que daría Narváez, ellos habían penetrado en el territorio conducidos por aborígenes conocedores de yacimientos auríferos y los explotaban, así fraguaba la idea de una nueva villa en el medio de la isla desde donde podían controlar tanta riqueza.
Se hace énfasis en la segunda carta redactada por Velázquez el día 1º de agosto de 1514 cuyo texto se desconoce, perdida hasta hoy, al que se asocia el siguiente fragmento correspondiente a la contestación del monarca con fecha 19 de octubre de 1514, reconocida como la respuesta a la Primara Carta de Relación del 1º de abril: […]tengos en servicio la diligencia que aveys puesto en hacer esos tres pueblos demas de la villa de la Asención que primero haviades fecho […][6]. Aunque sin lugar a dudas todos concuerdan en que estos tres nuevos pueblos fueron: Bayamo, Trinidad y Sancti Spíritus, se especula con una supuesta mezcla de las misivas a la hora de responder el soberano. Si no, ¿cómo explicar que ya Sancti Spíritus se dé por fundado el 1º de abril al no aparecer en la primera carta de Velázquez,? o resultará mejor preguntarse ¿no será que es válido el razonamiento aquí expuesto?, a continuación dice la Real cédula: […] asy mismo deveys procurar de ennoblecer el pueblo de la trenidad que postreramente hizistes […], entre otras cosas dice el rey que por estar […] mas a proposyto esta de la dicha castilla del oro y […], refiriéndose a la postrer villa de la costa meridional. Fernando el Católico puso énfasis en privilegiar los pueblos fundados en el litoral sur por el apoyo que brindarían a los barcos que navegaban entre Castilla del Oro, antiguo Darién y España, la ubicación de Sancti Spíritus en poco podía ayudar a tal empresa, lo ratifica en la carta enviada a Velázquez fechada el 28 de febrero de 1515, -que si existe-, en respuesta a la del 1º de agosto de 1514, que procure el ennoblecimiento de los pueblos situados en la costa.
La aparente omisión de Velázquez hace suponer a los estudiosos del tema, que la información sobre Sancti Spíritus solo pudo realizarse en la referida carta de agosto 1º. No dudamos que esta misiva para los reyes católicos fuera despachada en el primer navío que se hizo a la mar, aunque a 80 días de fechada en Cuba, en plenos trajines de conquista y colonización confunde; no partían barcos a diario, quien sabe cuando tomó rumbo a España. Si consideramos que una embarcación de la época tardaba en recorrer la distancia entre las Antillas y la península unos dos meses sin que mediara escala o contratiempo alguno, más unos quinientos kilómetros de recorrido por tierra para llegar a su destino, hace prácticamente imposible tan temprana correspondencia, lo que afianza una idea; la referida carta a Diego Velázquez del 19 de octubre de 1514, fue claramente la respuesta a su memorándum del 1º de abril, tan importante en cuanto a la hora de discernir sobre la fecha aproximada de la fundación de Sancti Spíritus. Tampoco es ilógico pensar que entre la fecha de iniciada y su terminación mediara algún tiempo, aún después de concluida en lo que esperaba su envío pudo agregarle notas entre las que haría saber al rey su decisión de trasladar a Trinidad: […] el pueblo de la trenidad que postreramente hizistes […] (Ibíd.)
Para concluir este asunto hagamos otro razonamiento respecto al flujo de la correspondencia entre Velázquez y el rey:
“Dice que, en 9 de Noviembre de 513, recibió las cartas de V. A., de 12 de Diciembre de 512 las dos dellas, é las otras dos de8 de Mayo de 513, […] (H. Pichardo, 1971: 63,65.). Estas cartas fueron recibidas por Velázquez once meses las primeras y seis meses las segundas después de fechadas en España, respuesta al rey que se hizo esperar cinco meses con la conocida Primera Carta de Relación del 1º de abril de 1514, que a su vez tardó en ser contestada desde España cinco meses y medio, en octubre 18 de ese año. Otros escritos del Adelantado solo conocidos por la respuesta de Fernando el Católico, fueron fechados en Cuba el 1º de agosto (H. Pichardo, 1986: 33-34) y 16 de diciembre de 1514 (Ibid.: 24), teniendo contestación el 28 de febrero y 2 de agosto de 1515 respectivamente, después de siete meses de escrita, no pienso que fuera por dejadez, solo que en la época a que hacemos referencia las comunicaciones diferían muchos de las actuales.
Otro tema en controversia es la famosa prédica del religioso Fray Bartolomé de Las Casas, conocida como Sermón del Arrepentimiento, se asocia a la villa primada, -Baracoa- el 15 de agosto, o al 4 de junio de 1514 en Sancti Spíritus, nada cierto, aunque en él veamos un buen motivo para zanjar el asunto concerniente a la fecha de nuestra fundación; es opinión de Santiago Prieto que:"La misa oficiada por este sacerdote consagró oficialmente la fundación, y la festividad religiosa sirvió para denominar a la villa". (Prieto Cápiro 1994-1995), a su vez el historiador Mario Valdés Navia sugiere que:“La trascendencia de aquel sermón es tal, que este hecho sólo hubiera bastado para conferirle al 4 de junio el carácter de fecha conmemorativa que le han otorgado las autoridades y el pueblo de esta localidad”. (Valdés Navia 1999: 12-13)
No podemos pasar por alto el único testimonio fidedigno que existe sobre ese acontecimiento, el por qué de sus motivaciones, preocupaciones, confidencias y elección del momento oportuno para hacerlo público, el propio Las Casas lo narra así, veamos el siguiente resumen del extenso alegato:
Fray Bartolomé de Las Casas, Protector de los Indios
“[…] El cual, estudiando los sermones que les predicó la Pascua, ó otros por aquel tiempo, comenzó á considerar consigo mismo sobre […] la miseria y servidumbre que padecian aquellas gentes. […] fué un dia al gobernador Diego Velazquez, y dijole lo que sentia de su propio estado, y dél mismo que gobernaba y de los demas, […] Sólo suplico á vuestra merced, que todo ésto sea secreto y los indios no los deis á ninguno hasta que Rentería venga, porque su hacienda no reciba daño. Así se lo prometió y lo guardó, y desde adelante tuvo en mucha mayor reverencia al dicho Clérigo, […]” (Las Casas Ibíd.: 256-257)
Llegado el momento en que Rentería regresó de Jamaica, resolvió hacer pública su denuncia, escogió para ello la mejor ocasión pues se aproximaba el 15 de agosto, Día de Nuestra Señora de la Asunción, disponiéndose a oficiar su famoso sermón, sobre el que anota:
“[…] Publicóse aqueste secreto, de esta manera: que predicando el dicho Clérigo, dia de la Asuncion de Nuestra Señora, en aquel lugar donde se dijo que estaba, […]” (Las Casas Ibíd.: 257)
El documento es explicito, no caben dudas que Las Casas permaneció “en aquel lugar donde se dijo que estaba” (Sancti Spíritus) después del 4 de junio, en espera de Rentería y el momento adecuado para su denuncia. Esta fecha es validada en otro capítulo del propio libro al que hacemos referencia:
Meses después, desde La Española, fueron enviados por fray Pedro de Córdoba cuatro religiosos a Cuba para predicar […] por la Semana Santa y la Pascua, y fueron sermones que á todos edificaron y contentaron. Para las octavas de Pascua, rogaron al Padre clerigo que predicase, porque deseaban oille; aceptólo él, y para que la doctrina que por siete ú ocho meses habia contra la opresion de los indios predicado se rectificase, […] (Las Casas Ibíd.: 262)
La Octava de Pascua es la semana que sigue al Domingo de Resurrección correspondiente a la Semana Santa, celebración católica que varía entre el 22 de marzo y el 25 de abril, si retrotraemos el tiempo en siete u ocho meses regresamos al mes de agosto de 1514, despejándose toda duda en cuanto a la fecha en que agobiado por el dolor se manifiesta contra el inhumano sistema de encomiendas.
No queda mucho por exponer y sí por meditar, aunque para algunos estas reflexiones no sean importantes, para otros si lo serán, intentar acercarse a la verdad es mejor que vivir ignorándola, somos la Cuarta Villa, la Villa del Yayabo, de eso nos enorgullecemos a diario y aunque celebremos el 500 Aniversario en la fecha equivocada por tanta confusión, nos quedará al menos la satisfacción de reconocer en ella, la visita del piadoso fraile dominico, teólogo, cronista y gran defensor de los indios, Bartolomé de Las Casas, que en ese momento vino a predicarnos por la Pascua de Pentecostés y dos meses más tarde, el día de Nuestra Señora de la Asunción, clamó desde la tribuna espirituana el primer grito de rebeldía que se escuchara en Cuba contra la barbarie española.
Como epílogo a estos razonamientos solo nos queda decir: que establecida Trinidad en los primeros días de enero del año 1514, conocedor Velázquez por referencias de sus exploradores sobre buenos depósitos auríferos tierra adentro, resolvió fundar la planeada nueva villa más o menos en medio de la isla. Debió partir a mediados de febrero con sus paisanos y aborígenes conocedores del territorio a través del monte virgen, por veredas insospechadas que solo el indio conocía, vadearon la accidentada sierra, atravesaron ríos y valles hasta llegar a una sabana plegada, entre dos efímeros arroyos, apenas dos Km. después de cruzar el río Yayabo, cerca de los ríos Tuinicú y Zaza. Escogieron entre las pequeñas elevaciones existentes el área menos agreste, de naturaleza sabanoza, carente de la tupida vegetación arbórea reinante durante el recorrido, que les facilitaría la erección de las rusticas edificaciones por hacer, a más de convenir porque desde lejos se podía observar la presencia de indios que tuvieran malas intenciones, era el sitio ideal para fijar el nuevo pueblo, donde asegurarían con la proximidad de los tres ríos, las áreas de laboreo minero de las que se tenían noticias.
Aquel día estableció el lugar de la Iglesia como acostumbraba hacer, marcó sitio para los emplazamientos oficiales, dando por fundada la villa que llamó Sancti Spíritus acto consagrado por Fray Juan de Tesin en los días finales de febrero. Distribuyó solares a los de su tropa que quisieran avecinarse, repartió los indios que traían y otros sometidos en la zona. Así nace la Cuarta Villa, es de suponer que en las jornadas previas improvisaran algún tipo de cobijo que les protegiera de las inclemencias climáticas, –frío, tal vez alguna lluvia invernal- Parcelado el terreno, sin pérdida de tiempo comenzaron las labores constructivas de bohíos y caneyes a cargo de los diestros taínos con materia prima del patio; madera, guano, yaguas y cabuyas, unos días después disponían del caserío originario.
Cumplida esta etapa del plan colonizador, Velázquez se daría a la tarea de asegurar el futuro de las postreras villas fundadas, las más próximas entre sí, envió a Juan de Tesin de regreso a Baracoa, teniendo seguro en su hacienda de Arimao, cercano a la primitiva Trinidad a fray Bartolomé de Las Casas que atendería los asuntos religiosos de la región.
Los viajes entre uno y otro pueblo, aunque relativamente cercanos resultaban agotadores, se interponía la escabrosa sierra entre ambos puntos y rodearla duplicaba la distancia a recorrer. La posición de Manzanilla, aldea junto al río Táyaba, en comarca con numerosos poblados indígenas y buenas minas, distante una legua de un posible puerto aunque no fuera el mejor, tuvo que sellar en el futuro gobernador de la isla, la idea de trasladar a Trinidad, aproximación entre ambos asentamientos en atención al posterior desarrollo de la villa mediterránea ocurrido en el propio año 1514, fue tan efímero el primer asiento de Trinidad junto al río Arimao que Las Casas la da por fundada en su segundo emplazamiento.
Unos días antes de la Pascua de Pentecostés, que ese año se celebraría el 4 de junio, llegó a Sancti Spíritus cargado de un gran propósito el fraile dominico Bartolomé de Las Casas, sabía que Velázquez estaba en la villa, era la mejor oportunidad para hacerle partícipe de su irrevocable decisión y oficiar misa por el día santo, esto hizo y permaneció en la villa hasta que Pedro de Rentería, su socio de encomienda regresó de Jamaica. Otro acontecimiento religioso se avecinaba, el Día de Nuestra Señora de la Asunción, oportunidad que aprovechó el clérigo para hacer pública la denuncia que en secreto tenía concertado con Velázquez.
Así trascurrieron los primeros años de la villa con sus altas y bajas, las expediciones a tierra firme menguaron el numero de sus habitantes, ocurrieron además hechos violentos como la muerte de su alcalde Hernán López, llegó un momento en que languidecía, el oro se agotaba en los ríos cercanos, los terrenos inmediatos para el laboreo agrícola escaseaban, el agua potable apenas resolvía las mínimas necesidades, en cambio un lugar cercano les ofrecía la solución a estos problemas y resolvieron trasladar la insipiente villa que en 1522 quedó asentada definitivamente a orillas del río Yayabo, en su margen izquierda, donde prosperó hasta los días de hoy.
¿De qué documentos nos valemos para estas reflexiones?, de los que nos legaron Velázquez, Las Casas y el rey Fernando el Católico, examinados desde la óptica de un espirituano en busca de la verdad velada, algunos han sentenciado, bueno lo que ya expresaron historiadores destacados es difícil contradecir, tratando de no buscarse la critica esperada, pero los errores, si existieron, también tienen que ser reparados. A Camagüey oficialmente no se le impugnan equívocos en su temprana fundación salvo Hortensia Pichardo (1986: 69), Eduardo Torres-Cuevas (2001: 51) y Alicia García Santana (2008: 145). No se aprecia en las únicas fuentes de información consultadas que tal hecho figure antes de Sancti Spíritus, incluso, que San Cristóbal y más nadie se atreve a interceder, hasta se pudo oír en una ocasión más o menos esto; que nos contentáramos con ser una de las primeras siete villas.
Si aceptamos el 4 de junio como día de la fundación, entonces seremos la quinta villa porque ya en ese tiempo, Narváez, nada perezoso, con el encargo de Velázquez habría fundado San Cristóbal y si de tradiciones se trata, tal vez seamos la sesta, si aceptamos que Camagüey fuera fundado el 2 de febrero de 1514.
Nada, que nos ha faltado energía para discutirlo en buena lid, no es chovinismo ni querer revisar la historia con falsas suposiciones, no sigamos repitiendo lo que lejos de enaltecer confunde, no cambiemos por una fecha casual la verdad ocultada, hay que estar consciente que ninguna de las primeras siete villas pueden gozar de un día preciso para su fundación, los que participaron en esos hechos no lo consignaron en documento alguno, no era su propósito.
Si optamos como día de la fundación el momento en que Bartolomé de Las Casas pronunció el Sermón del Arrepentimiento tendríamos que hacerlo el 15 de agosto, ya está probado. Las mismas autoridades que reconocieron ese día como de la fundación tendrán que reparar su proceder, nos han llamado a rectificar los errores y la historia no debe quedar fuera de ese llamado, tal vez no para este aniversario por los compromisos contraídos, pero esperemos que en un futuro cercano así sea, que prevalezca la verdad aunque sea difícil aceptarlo.
Excavación en Pueblo Viejo, área 2, correspondiente al primer taller.
El aniversario que próximamente celebraremos se refiere a un sitio casi olvidado, el área donde se fundó Sancti Spíritus de 1514 se mantuvo oculta hasta el año 1991 cuando un grupo de compañeros dirigidos por Javier Sanzo localizó las primeras evidencias de contacto indohispánico en Pueblo Viejo, 500 metros al sur de la pretendida Loma de la Iglesia. En el año 2008 fue reubicado el lugar por miembros del grupo Samá, ya en ese momento se venía fraguando el proyecto, “Taller de Arqueología Aborigen y Colonial: Museo de Sitio. Asentamiento Fundacional de la Villa de Sancti Spíritus”, que pretendía esclarecer lo que había de cierto en la tradición centenaria en cuanto al sitio preciso del asentamiento primario; auspiciado por la Dirección Provincial de Cultura, la Asamblea Municipal del Poder Popular, el Centro Provincial de Patrimonio Cultural, el grupo Samá de la SEC y la Fundación Antonio Núñez Jiménez de la naturaleza y el hombre. Dirigido por el especialista en Arqueología del CPPC, Orlando Álvarez de la Paz y los arqueólogos Luís Olmo Jas, del grupo Samá; Reinaldo Pérez Jiménez, del museo municipal de La Sierpe; Alfredo Rankin Santander y Roger Arrazcaeta Delgado, director del Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de La Habana.
En el año 2009 se efectuó el primer taller que se extendió hasta el sexto en abril del 2013, ocasión en que se pudo precisar certeramente, la ubicación y extensión de la villa primigenia, se suman hasta el presente siete áreas de actividad humana bien definidas cuyas evidencias tanto aborígenes como coloniales del siglo XVI temprano, con significativas muestras de transculturación indohispánica, elocuencian un corto período de habitación, no se trata de la posesión española de una aldea aborigen, si no que el lugar fue ocupado por elementos de ambas culturas en la fecha discutida, así queda demostrado, desde los estratos más tempranos hasta la confusión provocada por las nuevas técnicas agrícolas –arado y bulldózer- que por años alteraron el lugar, haciendo más difícil el esclarecimiento arqueológico de la historia escondida.
BIBLIOGRAFÍA
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[1] Es copia fiel, en todos los casos se respeta la ortografía de la fuente original.
[2] Cuyují, vocablo aruaco con el que los aborígenes cubanos designaban los cantos rodados de cuarzo propios de las corrientes fluviales, hoy este arroyo se nombra Puente de Palo.
[3] Los ríos Yayabo y Tuinicú forman parte de la cuenca del Zaza en su parte media, este importante río si fue navegable por 36 Km. hasta su desembocadura en Punta Ladrillo, al parecer, el desconocimiento geográfico de la época hizo caer en tal error a Martínez-Moles.
[4] En todos los casos letras en negrita son del autor.
[5] Versión de la carta de Velázquez en primera persona.
[6] Síntesis Histórica Provincial Sancti Spíritus. 2011. Colectivo de autores, p.50. Cita de la “Real cédula a Diego Velázquez sobre varios particulares”, fondo Academia de la Historia, legajo 28, número 183. Archivo Nacional.