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Esta dedicado a la la villa del Espiritu Sancto, en el centro de Cuba.

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Cien puertas de arte colonial

Vista desde La Mayor

 

Las amplias habitaciones, la claridad que penetra por los ventanales y la majestuosidad de cada pieza que allí se exhibe, hacen del Museo de Arte Colonial de esta villa uno de los más bellos de la isla caribeña.

 

El poderío económico de la familia Valle Iznaga, dueña de varios ingenios azucareros y por tanto de fuerza esclava, así como del ferrocarril Zaza-Sancti Spíritus y del puerto pesquero de la localidad de Tunas de Zaza, se haría aún más indiscutible con la construcción de esta mansión en el siglo XVIII.

Muchos la conocen como el Palacio de Valle, aunque es el sugerente nombre de Casa de las Cien Puertas el que más ha prendido en el gusto del espirituano.

Acerca de este último calificativo aseguran que un curioso contó un día todas las ventanas, puertas y postigos de este palacio de dos plantas, construido alrededor de 1744 y ubicado en el Centro Histórico Urbano de esta ciudad, llegando a la conclusión de que sumaban 110.

La opulenta familia aportó además el dinero para el equipamiento requerido en la edición del primer periódico de la localidad: El Fénix (1834).

Solo personas con un capital que los respaldara y con aires de superioridad para tal afirmación, pudieron grabar en el escudo familiar el emblema que los distinguiría entre los más ricos de la época, incluso más allá de estos lares: El que más vale no vale tanto como Valle vale.

 

NUNCA LO HUBIERAN SOÑADO

 

Ni remotamente la familia Valle Iznaga se pudo imaginar que la regia mansión o palacete que habitaran en Sancti Spíritus se convertiría el 10 de octubre de 1967 en el primer museo de su tipo de la región central de la Isla.

Por tanto, tampoco pudieron avizorar que el lujo que atesoraron, sobre todo con la explotación de la mano de obra esclava en los ingenios azucareros que poseían, pudiera estar desde esa fecha y hasta hoy a disposición de todos los habitantes de la localidad, sin distinción, y menos aún que vendrían a visitar el lugar cientos de turistas.

En la edificación, que conserva valiosas colecciones de las artes decorativas, predominan los techos de madera preciosa, las persianas francesas y los vitrales de medio punto, suntuosidad que contrasta con la sencillez de sus dos patios interiores, uno de ellos realzado al centro por una fuente, alrededor de la cual se efectúa una tertulia denominada Noche de la Fuente. 

Además de la riqueza arquitectónica del inmueble, de su valioso patrimonio interior patentizado en los delicados jarrones y suaves colores de las lámparas de techo, en la exquisita lencería y los enormes escaparates con espejos que niegan los años, a esta mansión la rodean singularidades familiares como el casamiento de un tío con una sobrina y las leyendas como la del piano.

Según la tradición oral, el magnífico instrumento de teclado que adorna la sala de música fue traído en hombros, por esclavos, desde el puerto de Casilda, en Trinidad hasta esa fastuosa mansión.

Lo más insólito estaría por venir: cuentan que la joven de la casa, a quien su padre se lo obsequió, nunca se sentó ante él para obtener de sus teclas ni la más mínima nota musical.

 

 

 

 

Actualmente, este inmueble de elevado valor patrimonial, tiene dos mil 500 piezas en su colección, la mayoría expuestas en las salas, explicó Martha Cuéllar, directora de esta institución cultural.

Cuenta con un total de 16 salas, al incorporársele la de Arqueología, ambientada con los hallazgos en la letrina de esta antigua construcción y se creó además un Centro de Documentación sobre la aristocrática familia que la habitó.

El Museo de Arte Colonial ostenta la Categoría Especial, que exige  nivel de profesionalidad de sus trabajadores, investigaciones y lo referido a la conservación.

Cuéllar concluyó su tesis de Maestría titulada Contribución de la familia Valle Iznaga al desarrollo sociocultural espirituano.

El colectivo pretende en un futuro que en el Museo esté presente lo relativo a la esclavitud doméstica, lo cual requiere investigación y contar con los elementos necesarios para poder ambientar una sala.

Vajillas francesas, inglesas y holandesas, algunas con historias de amor muy interesantes reflejadas en su ornamentación, han sido expuestas en el comedor de la mansión.

Cada año transitan por sus salas cientos de visitantes. En 2013 muchos de ellos procedían de países como Alemania, Francia, Holanda, Canadá, Austria, Bélgica, España, Inglaterra y Austria. 

En esta villa señorial un Museo abre sus puertas, sin el remilgo de sus antiguos dueños, para compartir con todos su esplendor y belleza.

 

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