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Esta dedicado a la la villa del Espiritu Sancto, en el centro de Cuba.

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Esculturas adornan bulevar espirituano

 

 

Recorrer el bulevar espirituano es encontrarse con aquellos personajes populares atrapados en esculturas, para impedir que el paso trasnochador del tiempo los inscriba en esa lista proverbial de ”al polvo volverás”.  

Recordar es volver a vivir, dicen algunos con mucha razón, por eso nacieron las esculturas de Francisquito y Serapio, dos figuras de arraigo popular, y la de Oscar Fernández-Morera, uno de los más reconocidos pintores espirituanos, en una especie de mármol blanco o marmolina.

También estuvo durante un período la dedicada al excelente locutor Delio Luna Echemendía, ya fallecido, que fuera trasladada a la entrada del recinto ferial que lleva su nombre.  

Las tres figuras mencionadas primero, a tamaño natural, están diseminadas por el bulevar de la acogedora ciudad de Sancti Spíritus, pero el tiempo comenzó a hacer su pérfido trabajo y por eso se les aplicó una capa de color bronceado más duradera, con la cual llegan al 500 aniversario de la villa.

 

            

 

INUSUAL RELOJ

               

La figura de un hombre de raza negra, lo cual corroboran las facciones de su rostro y lo ensortijado del cabello, algo abundante a los lados de la cabeza, puesto que encima de esta la calvicie hizo sus estragos.

Porta sobre uno de sus hombros un saco, raídos pantalones dejan ver las rodillas, mientras los pies van cubiertos por unos viejos zapatos por donde asoman los dedos; los labios entreabiertos dejan ver una maltrecha dentadura. 

Es nada más y nada menos que Francisco Polanco Guerrero, más conocido por Francisquito, cuya forma peculiar de “dar la hora” lo convirtió en un ser humano posiblemente único.

Afirman quienes peinan canas en esta ciudad del Espíritu Santo –la única del país que lleva un nombre en latín- que cuando se le preguntaba la hora, respondía hasta con los minutos exactos. Para asombro de todos sin tener reloj, pero con una lógica difícil de explicar.

Parado sobre la esfera de un legendario reloj, con grandes números romanos y agujas entrelazadas, seguirá Francisquito, para admiración de quienes transitan por el bulevar espirituano. 

Antes del triunfo de la Revolución Cubana, el primero de enero de 1959, Francisquito vivió en la pobreza y recogía la basura de algunas casas de familias pudientes a cambio de un plato de comida. Sin embargo, tuvo una vejez feliz –casi centenaria- en un Hogar de Ancianos, hasta su muerte.

Cuentan que cuando lo visitaban en el Hogar y ante la pregunta tradicional de qué hora es, extraía de su bolsillo un reloj que le habían obsequiado.

Y aunque la magia de antaño se perdió en ese instante, su inusual reloj continúa vivo en las tradiciones de este pueblo y en el estribillo de una canción que repite, sin cansar: Francisquito, ¿Qué hora es? Y la respuesta, que bien pudiera ser: “es la una, son las tres..., son las 12 menos diez”.              

  

SI TÚ PASAS POR MI CASA

 

Suenan las chancleticas de madera sobre el piso de cemento pulido, la niña no sabe quién es el autor de la melodía, mucho menos que a ese género se le denomina pasacalles, pero repite una y otra vez al compás de la música: “Si tú pasas por mi casa y ves a mi mujer, tú le dices que hoy no me espere que yo con Pueblo Nuevo me voy a echar un pie...” 

Quien no conoció personalmente a Serapio pudiera pensar que fue un hombre de sonrisa abierta o un gran conversador, y quizás lo fuera a su modo  sosegado, ahora eso sí, la música le atrapó desde pequeño, sin estudios, pero con un oído bendecido por los dioses del Olimpo.

Su vida la entregó por entero a la música y tuvo la dicha, que pocos mortales tienen, de que la escultura en el bulevar se la erigieran en vida.

Hace unos escasos años existía la oportunidad casi única de poder tomarse una foto ante la obra artística y otra con el personaje real, reconocido por los espirituanos y más allá de sus fronteras, aunque su propia modestia lo hiciera vivir como un simple mortal.   

Preguntar aquí por Gerardo Echemendía Madrigal, en una ciudad donde ambos apellidos son bastante comunes, hubiera dificultado dar con él, pero si se indagaba por Serapio entonces sí la respuesta era inmediata.

Quedar inmortalizados en una obra de arte, la mayoría de las veces es solo para elegidos, como lo fue este señor de piel cobriza y delgado, nacido en Sancti Spíritus el 21 de mayo de 1925.

Fallecido en el año 2011, Serapio, contaba al morir con 86 años de edad, era un hombre sosegado y tranquilo, sin ínfulas de ningún tipo, todo lo contrario a veces parecía querer pasar sin ser visto entre la gente que transitaba por el bulevar.

Compuso además del popular pasacalle Si tú pasas por mi casa, otras obras musicales como Lluvia de oro, Los marqueses, Salió un lucero y Buenas noches amigo mío e incluyó en su haber guarachas, comparsas, rumbas y claves.  

Fue integrante, desde sus inicios, del Coro de Clave –único de su tipo en Cuba- y hasta sus últimos momentos sus maracas se hicieron escuchar en el acompañamiento de las tradicionales melodías.

A veces al mirar con nuevos ojos hacia el bulevar se puede apreciar aquella figura quijotesca caminando silenciosa entre la gente, que abrumada en su diario andar apenas repara en él, y sale uno de ese letargo con un sabor en los labios a pasacalle y noche trasnochada.

 

EL AUTOR Y SU OBRA

 

Estas obras fueron realizadas por Félix Madrigal Echemendía (1957).

Este artista de la plástica –pintor, escultor y ceramista- es además el creador de las esculturas de Rafael Gómez Mayea, Teofilito (en el hotel del Rijo), autor de la inmortal canción titulada Pensamiento.

Después hizo la de Miguel Companioni (en la Casa de la Trova), otro de los compositores más relevantes de la villa, cuyas composiciones ni siquiera el paso de los años han opacado.
Graduado de la Escuela Nacional de Arte, Madrigal Echemendía es considerado uno de los muralistas más reconocidos de la Isla.

El bulevar de la ciudad de Sancti Spíritus, se enorgullece al contar con esta especie de galería de arte a cielo abierto, aunque se sabe deudor con otros personajes populares como Ramón el cojo y Bulla-bulla, por citar solo dos ejemplos, que de algún modo pudiera salvar del olvido.

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